25 de desembre de 2005

En este momento siento adentro un horno de injusticia.

No es justo tener que ser la buena hija, que se inmola cada fin de año con ellos cuando el otro no es capaz ni de llamar, y encima tener que escuchar que suspiran por él, pobrecito.

No es justo tener que hacer sociales y ser simpática en Navidad, cuando lo tengo que hacer cada día en la oficina, pero al menos me pagan por ello. Definitivamente no es justo encima tener que bajar a abrirles cuando no los conozco, y mucho menos que luego el francés meta el chistecito de que hablo mucho (cualidad que odio en una persona) cuando mi única intención era evitar mi cara de culo y los baches incómodos que se repetían en la conversación. Yo no hablo mucho, boludo: estaba tratando de que te sintieras a gusto. Forro.

No es justo el papel de buena samaritana que arma la mesa, busca el hielo, sirve el postre y el champagne y lava los platos, mientras ellos se jactan de tener una hija tan diligente, y los franceses debían estar pensando Pobre piba, no tiene vida. Ni bancarme el eterno refrite, cada 15 minutos!, de un tema de conversación que dejó de ser gracioso la segunda vez. Patético, me daban lástima; me daba lástima yo.

No es justo tener que bancarme la caminata de la vuelta con él, habiendo tenido que soportar sus estupideces toda la noche, dándome vergüenza como cada vez que se muestra a terceros, y encima tener que cargar las bolsas casi sin ayuda.

Pero sabés qué: no-es-justo, no lo es, que habiendo recibido su tremenda indemnización, no sea capaz de hacerme un puto regalo de navidad. Años difíciles, lo acepto; pero no éste, con ese fangote en la caja. No es justo que me llame durante todo el año a cualquier hora, y me hable de trabajo, y que yo lo ayude en todo, y que me vaya a casa cada 24 de diciembre sin un puto llavero siquiera, por su puta avaricia.
Odio ODIO a la gente que no sabe el efecto de los detalles.

Y parece una boludez, un capricho. Pero yo vivo de ellos. Y estoy harta de tener que trabajar siempre yo para procurarme los gestos de afecto.

Son las 2.30, estoy mal, y lloro. Y no es justo.